“Me recuerdo, entre los cuatro o cuatro años y medio, sabiendo que iba a ser escritor, pero no sabiendo leer ni escribir”. Para Rodrigo Fresán nunca hubo plan B porque siempre soñó con escribir, más que con ser escritor. ¿Su receta? Leer con fervor, buena música de fondo y debajo de todo eso: un deseo de solitud.
“Hay una cosa muy atávica y primitiva, que incluso antecede a todo el tema literario, y que es que me gusta estar solo. El leer y el escribir siguen siendo una de las pocas formas respetables de la soledad para segundos y terceros sin que piensen que te estás volviendo loco. Si dices ‘estoy leyendo, estoy escribiendo’, todavía te dejan un poco en paz”, reflexiona.