Hay niñas que aprendieron a ser fáciles de querer.
Cumplían, ayudaban, sacaban buenas notas, no daban problemas, sabían cuándo hablar, cuándo callarse y cuándo era mejor no pedir nada.
Y después crecieron.
Ahora tal vez ya no buscan un diez en la escuela, pero siguen buscando otra clase de calificación: que mamá apruebe, que papá esté orgulloso, que la pareja no se enoje, que nadie piense que son egoístas, que los demás puedan decir que están haciendo las cosas bien.
En este episodio de Romper patrones es un desmadre hablamos de la hija perfecta, del miedo a decepcionar, de la necesidad de aprobación, del perfeccionismo, del enojo que aprendimos a guardar y de lo difícil que puede ser preguntarnos:
“¿Qué quiero yo?”
La pregunta incómoda de hoy es:
¿Quién te enseñó que para ser querida tenías que portarte bien?
Al final hacemos una práctica para empezar a separar lo que quieres de lo que esperan de ti y permitirte elegir sin saber de antemano si todo el mundo lo va a aprobar.