Su historia hasta mediados de 1978 –hija de inmigrantes judíos, partera, madre de una adolescente con avanzados estudios de medicina- transitaba sin sobresaltos, hasta que entró en una vorágine de penurias. Rosa supo que su Patricia entraba en la clandestinidad como militante de Montoneros. Pronto sería una desaparecida más. Hizo lo imposible por dar con su paradero , y luego con el nieto que alumbró Patricia en la Esma. Lo primero, no lo logró, como tantísimos atroces casos perpetrados por la dictadura cívico militar. Pero con su tesón, recuperó a su nieto. Rosa tiene 94 años, unos 21 de búsquedas desesperadas, y un tiempo feliz, a pesar de todo, por sentirse baba.