Serás un hombre, hijo mío!
En 1910, el célebre escritor británico y ganador del nobel Rudyard Kipling comenzó a escribir pensamientos para su hijo John, en ese entonces de 12 años. Tituló el poema "Si..." y lo incluyó en una antología de cuentos para niños publicada ese mismo año. Años después, el poema había sido traducido a 27 idiomas y millones de personas alrededor del mundo adoptaron sus sencillas normas de conducta para guiar su vida.
Kipling perdió a su único hijo varón durante la Primera Guerra Mundial (su cuerpo nunca fue hallado.) Después de esto ya nunca volvió a ser el mismo. Por primera vez en su existencia, el hombre que se ganó la vida a través de las palabras, no encontraba alguna que aliviara su pena. Fue él quien propuso las frases "Sus nombres vivirán por toda la eternidad" y "Conocido sólo por Dios", esta última se grabó en las lápidas de los soldados cuyos cuerpos nunca fueron identificados, como el de su hijo. Hubo un solo suceso que dio luz a sus últimos años de vida, y es que un soldado francés llamado Maurice Hammoneau, salvó la vida en batalla gracias a un ejemplar del libro "Kim" (otra célebre obra de Kipling) que llevaba en su bolsillo (una bala impactó en el libro, provocando sólo una pequeña herida al soldado.) Años después de la guerra, Hammoneau fue padre y llamó Jean a su hijo, en homenaje a John, el fallecido hijo de Kipling.