Rufina era una burra que quería ser famosa, un día pasó el circo por donde ella vivía, Rufina vio una cebra y quiso ser como ella.
Un día mientras pintaban la cerca, se recargó sin hacer ruido. Así cuando su dueño pasó la brocha, pasó pintando a Rufina, entonces cuando terminó ella pensó: “¡Que hermosa soy! ¡Soy una cebra!”.