En estos tiempos difíciles se han multiplicado las necesidades y los necesitados. Y el panorama de futuro no parece que vaya a mejorar. Las necesidades son de todos, también de la Iglesia. Los que pertenecemos a cualquier grupo o valoramos su labor tenemos que contribuir en sus necesidades y al mantenimiento de su actividad. Quienes pertenecemos a la Iglesia, quienes admiran su labor, nos tenemos que comprometer con sus necesidades, ayudándola con oración, con tiempo, con dinero.