Mejor es andar conducido e instruido por el Espíritu Santo que guiarse por nuestra propia opinión. Cuando Dios responde, su respuesta se mantiene y no hay nada que podamos hacer.
Mejor es andar conducido e instruido por el Espíritu Santo que guiarse por nuestra propia opinión. Cuando Dios responde, su respuesta se mantiene y no hay nada que podamos hacer.