En una cultura que da prioridad al trabajo y censura la ociosidad, el "perder el tiempo" no puede verse sino como un pecado. Sin embargo, no es menos pecado decir(nos) constantemente "no tengo tiempo" como respuesta para no leer, escribir y bailar, o (peor) no encontrarnos con nuestros seres queridos. Como irónico remate, esa "falta de tiempo" para el tiempo libre o de ocio, puede afectar nuestra creatividad.