acercamos a un hombre que brilló por su sencillez y no pidió nada
especial. Por eso fue enriquecido con multitud de dones. Hoy
celebramos a San Ángel de Acri. Natural de Acri (Italia), nace en el
año 1669. Su nombre de pila fue Luca Antonio Falcone y su infancia
transcurrió con mucha sencillez.
Todos reparaban en estas
cualidades. Su amor al Señor hizo que sintiese la llamada a la vida
consagrada. Pero de momento no tiene claro lo que la Providencia le
pide. Intentó ingresar en los franciscanos, aunque tardó mucho
porque vacilaba por su pequeñez y porque no se veía digno. También
se fijó en los capuchinos.
El problema que encontraba es que no se
veía penitente, algo que con el tiempo superó como otros tantos
prejuicios. Al final decide con firmeza ingresar en los capuchinos,
porque se da cuenta que las cosas del mundo no le satisfacen y que le
llena lo espiritual proveniente de Dios. Ahora sé está fuerte y
robusto para seguir los Caminos del Cielo para su santificación.
Ahí
es donde toma el nombre de Ángel. Todos veían siempre en él un
hombre de oración. A ello se une su espíritu de penitencia y eso
que en tiempos ese estilo de vida le echaba para atrás. En su faceta
de predicador tocaba los corazones de cuantos le escuchaban. Ahí
comprendía lo que era llevar a Dios a los sencillos que lo acogían
con un corazón abierto.
De hecho recorrió la zona del sur de Italia
siendo un gran testimonio. Su caridad también le hacía compartir la
comida con los pobres, privándose de muchas cosas. San Ángel de
Acri muere en el año 1739. Todos recuerdan desde el primer momento