Dios siempre suscita todo tipo de vocaciones para
alcanzar la Santidad de vida. Hoy es San Benito que, desde el
silencio, tuvo ese trato místico con Dios. Natural de Nursia, en al
zona de Umbría en Italia, su nacimiento se sitúa en torno al año
480. Es una época de declive donde el Imperio Romano de Occidente ya
ha caído.
Su familia, que es bien posicionada le envía a formarse y
estudiar en Roma. Allí sigue el camino trazado por su hogar. Sin
embargo la decadencia moral no le deja indiferente y se va a la
Región de Lacio. La opción que hace es llevar una vida de retiro absoluto,
con la ayuda espiritual de un monje de nombre Romano.
Es el
primer intento por acceder a un Convento. Pero los monjes no le
aceptaban y cuenta la tradición que intentaron envenenarlo. Fue el
momento de bendecir la bebida que milagrosamente se rompió. Desde
allí se trasladó a Montecassino en la parte sur de Roma, donde
fundó el prototipo de Monasterio para todo esta parte occidental.
Junto a él fundó otros Conventos. Él siempre se fue al Convento
donde más necesaria era su presencia. De su legado queda la Regla
Monástica que escribió para la formación y perfección espiritual,
que se consolida desde el “Ora et Labora”.
De ella se deriva la
oración y la alabanza al Dios de Cielos y tierra como todo buen
místico que se encuentra en ese proceso de trato con el Señor. Otro
momento importante es el trabajo para ganarse el sustento.
Es muy
importante también la formación en el estudio para profundizar en
los Misterios de la Fe. San Benito muere el año 543. El Papa Pablo
VI le declaró en el año 1964 Patrón de Europa. Al mismo tiempo se
le considera “Padre de los Monasterios de Occidente”.