Domingo XVII del Tiempo Ordinario, Cristo se encuentra predicando a
la gente. Alguien le requiere para que les enseñe a orar. Entonces,
aprovechando que Dios en nuestro Padre, les enseña el Padre Nuestro. En él les invita a pedir la Santificación del Nombre del Padre del
Cielo, esperar su Reino y que se Voluntad se cumple en todos.
También
habla de la necesidad del pan material, pero también del perdón de
las ofensas como también nosotros perdonamos a quienes nos han
ofendido, al tiempo que le pedimos para terminar que no nos deje caer
en la tentación y que nos libre de todo mal. También en esta
jornada celebramos al Papa San Celestino I.
Nacido en Campania
(Italia), fue elegido Pontífice el año 422, sustituyendo a
Bonifacio I. Uno de los principales problemas fue el Nestorianismo.
Esta herejía fue difundida por la Patriarca de Constantinopla de
nombre Nestorio. Él no veía que Cristo fuese Dios y Hombre
Verdadero.
Incluso decía que seguramente la Naturaleza Humana de
Cristo había absorbido a la Divina, o al revés. Celestino apoyó el
Concilio de Éfeso que condenó este error y al patriarca Nestorio.
También defendió a La Virgen como Madre de Dios. Y es que Nestorio,
tampoco asumía la Maternidad Divina de La Virgen.
Revitalizó la
Iglesia cuidando del clero y los fieles laicos. También se preocupó
por el tema de las misiones. Impulsó en Roma el culto en las
Comunidades cristianas para contrarrestar el culto pagano que
existía. El Papa San Celestino I muere el año 432. Está enterrado
en el Cementerio de Priscila, en Roma.