es Dios el que guía a los hombres en sus decisiones. Hoy celebramos
a San Pedro Celestino. Su opción de vida fue un seguimiento de Dios
que te lleva por lugares que no sospechabas. Nacido en Isernia
–Italia- en el año 1215, sus padres son de una gran base
cristiana, que transmitirán a sus doce hijos al educarles.
En su
santidad de vida, oraban al Señor del Cielo pidiendo que uno de los
hijos fuese sacerdote, petición que fue escuchada en Pedro, quien, a
los 17 años ingresa en los Benedictinos, marchando posteriormente
como eremita a los Montes de Castelnegro.
Allí las multitudes se
acercan para escucharle, con lo que debe marchar a otros lugares para
recuperar su soledad. Pronto vendrán gentes que le quieren imitar, a
los que se les conoce como “Celestinos”, aprobados por el
Pontífice Gregorio X en 1274 con dieciséis Conventos fundados por
el momento.
Estando en Monte Murrone, le comunican que en el Cónclave
ha sido elegido Papa, algo que él, en un principio, no acepta, dada
su humildad. Al final le convencen, imponiendo él la condición de
vivir en una choza que le construyan en Nápoles, junto a Carlos II.
Su pastoreo de la Iglesia, no está exento de dificultades, a las que
se une su condición de místico contemplativo que le hace renunciar,
situación que le es aceptada y ratificada por su sucesor Bonifacio
VIII. El nuevo Pontífice, envía a su antecesor a Monte Fuone, un
castillo donde Pedro Celestino, podría orar hasta su muerte ocurrida
en 1296, siendo canonizado en el año 1313.