Santo del día es un prototipo de sencillez manifestada en su
testimonio de carácter angelical. Se trata de San Dalmacio, al que
celebramos hoy. Nace en Santa Coloma de Farnés (Gerona) en 1289 en
una familia acomodada.
Durante su juventud aprende el hábito de
estudio y oración con los monjes benedictinos. Posteriormente se
siente atraído por los dominicos. Allí estudia Lógica, Filosofía
y Teología ingresando en la Orden de Predicadores. Difunde el
Evangelio y la vocación entre los jóvenes, al tiempo que será
consejero de nobles y reyes.
En el Convento le veían un espíritu de
oración y penitencia. Todos le llamaban por su dulzura “el fraile
que hablaba con el ángel”. San Dalmacio muere en el año 1341 en
Gerona con una vida más penitente y austera que en su juventud. Fue, ante todo, un testimonio
de valentía.
No buscó esconder su fe para salvarse a sí mismo, ni calló el
nombre de Cristo para vivir con tranquilidad.
Al contrario, proclamó
con fuerza que Jesús era su Señor, aunque sabía que esas palabras
podían costarle la vida. Y, en efecto, lo llevaron al martirio. Pero
su muerte no fue una derrota: fue semilla. Semilla de fe, semilla de
esperanza, semilla que aún hoy sigue dando fruto en nosotros.