perfil del hombre que engrosa el Santoral de este día viene marcado
por su martirio, un ejemplo que siguieron sus compañeros. Porque hoy
celebramos a San Dionisio y sus compañeros que derramaron la sangre
pero casi sin ser notados, con total sencillez y humildad. Oriundo de
Italia, su vida transcurre en el siglo III.
Enviado por el Papa llega
a Las Galias. Esa
zona necesitaba más la presencia de alguien que predicase el
Evangelio y va Dionisio.
Concretamente el lugar al que va destinado concretamente es Lutecia.
Este sitio con el paso de los tiempos se convertiría en la actual
París. Le acompañan un sacerdote de nombre Eleuterio y un diácono
llamado Rústico.
En esta ciudad funda una pequeña Comunidad que
será un gran fermento en la masa de la Fe y de la sociedad de ese
tiempo. Por entonces arrecia la persecución del Emperador Valeriano.
El hecho es que hay cristianos atemorizados pero no así nuestro Santo de este día
ni sus más files colaboradores.
Esto hace que Dionisio con sus
compañeros serán delatados y, por lo tanto, apresados.
El Prefecto les interroga y les ofrece cínicamente la posibilidad de
que se adhieran a la religión oficial de Roma, sacrificando a los
dioses.
Ellos, recordando a Pedro y los demás Apóstoles en
Jerusalén alegaron que hay que obedecer a Dios antes que a los
hombres. Por ello San Dionisio y compañeros sufrirán
grandes suplicios muriendo decapitados. Cuenta una vieja tradición
que recogió su cabeza y caminó unos pasos más alabando a Dios.