persecución siempre hace que los hombres se fortalezcan desde la Fe
en Cristo. Hoy celebramos a San Eugenio de Mazenob. La realidad
histórica de aquel momento perseguía todo lo que sonase a
cristiano. Nacido en el año 1782 en Provence al sur de Francia,
vivió los acontecimientos de la Revolución Francesa, que le
llevaron a huir a Italia.
Su padre era un hombre muy influyente, pero
por eso le tocó huir. Venecia fue el lugar donde se asentaron. En
este lugar le miran como extranjero y no tiene amigos ni nadie con
quien tratar. Excepcionalmente traba amistad con el Padre Zanelli.
Este sacerdote le arropa en su “exilio” y le introduce en el
corazón la inquietud por el sacerdocio. Nuevamente las razones
políticas le llevan a ir a Sicilia. En su corazón ha prendido la
llama de la vocación sacerdotal. Cuando retorna tras la Revolución
a Francia se encuentra a su familia destrozada y la Iglesia como
objeto de los ataques más anticlericales.
Su Fe le ayuda porque su
carácter es duro, pero detrás se esconde una persona de corazón
noble. Dedicado a los necesitados espirituales y materiales, buscó
un grupo de sacerdotes afines a este apostolado. Así surgen los
Misioneros Oblatos de María Inmaculada. León XII la aprobó
destacan el bien que hacía para acallar a muchos obispos franceses
críticos con él.
Nombrado obispo de Marsella, surgieron los
problemas por parte de Napoleón, que pensó que el nombramiento
episcopal de Eugenio era una provocación. Por otro lado, fueron
muchos los frutos que dio en bien de la Iglesia. San Eugenio de
Mazenob muere en el año 1861.