acercamos hasta un hombre cuyo perfil fue ser fiel a Dios y decirlo
con sencillez a los demás. Porque hoy recordamos a San Francisco de
Sales. Nacido en Saboya el 1567 desde pequeño había recibido una
educación esmerada que le hizo vivir de la Fe cristiana. No obstante
sus padres querían una base de estudios que le llevase a la abogacía
o a la política.
El caso es que enviado a estudiar a Paría, aprende
Filosofía y Teología. La familia creía conseguidos sus objetivos
sobre él cuando ejerce de abogado. Pero la Providencia le marca el
camino de la vocación a la vida consagrada y lo sigue. Sacerdote de
gran ejemplaridad, siempre se mantuvo en la conversión constante a
Dios.
También trabajó por la restauración de la Fe católica en su
país, donde había prendido el calvinismo, herejía que afirmaba que
Dios creaba a unos para salvarlos y a otros para condenarlos, desde
la predestinación. Por eso su duro y áspero carácter se fue
transformando, hasta lograr ser el “Santo de la dulzura”.
Será
nombrado con el tiempo Obispo de Ginebra. Allí tuvo más luchas con
los calvinistas. San Francisco de Sales muere en Lyón en 1622 y
entre las obras que legó a la Iglesia están “La Introducción a
la vida devota” y el “Tratado del Amor de Dios”. También es
Patrón de los periodistas. El motivo de este Patronazgo es que sus
escritos y homilías comunicaban bastante bien.