Iglesia siempre debe encontrar la manera de irse renovando a la luz
del Evangelio. Hoy celebramos a San Gaspar de Búfalo, un gran
revitalizador de la Fe en su tiempo. Nacido en Roma
el año 1786, es hijo de un capitán. Su padre es noble y su madre es
una mujer muy religiosa.
El pequeño enfermó con un problema de la
vista y la madre le pone en manos de San Francisco Javier. Como se
cura, a él le queda en el corazón un gran carisma misioneros
gracias al Santo que le sanó. Dada su inclinación a la vida
consagrada, ingresa en el Seminario y se ordena sacerdote.
Cuando
Napoleón invade los Estados Pontificios, él no lo acepta porque es
fiel al Vicario de Cristo.
Por fin, el magnate francés apresó al
Papa Gregorio VII, Gaspar sigue fiel al Pontífice, siendo
desterrado. A
su vuelta encontró la Ciudad Eterna como ovejas sin pastor, por lo
que se dedicó a asistir a las almas en la
confesión y el acompañamiento espiritual.
Muchos le siguieron en
este camino por lo que Funda
los Misioneros de la Preciosa Sangre que recorren de
pueblo en pueblo predicando y asistiendo a las almas con una
dedicación especial a los más necesitados o los más alejados de la
Fe. También funda la rama femenina llamadas Hermanas Adoratrices de
la preciosa Sangre.
Ante las dificultades no perdió la esperanza
nunca. Cuando enferma ofrece sus tribulaciones en bien de la Iglesia
y por la conversión de los pecadores. San Gaspar de Búfalo muere en
el año 1836. predicó más de500 Misiones Populares. Su lugares más
predilectos es donde había crisis de Fe con la consiguiente miseria
humano de robos, pobreza y marginación.