muestra siempre un gran Signo Milagroso en el Santo de este día: San
Jenaro. Su vida transcurre en el siglo III. En este periodo el dato
fundamental es la prohibición del cristianismo por parte del Imperio
Romano encarcelando y condenando a muerte a los cristianos.
Nuestro
Santo conoció esta cruenta persecución por parte de Diocleciano,
uno de los Emperadores más sanguinarios que se haya podido conoce.
Él, sin embargo, no tenía miedo y optó por servir y vivir la Fe en
una Comunidad de las que buscaban las cuevas subterráneas para vivir
la Eucaristía y el encuentro con los hermanos en Cristo.
Elegido
obispo de Benevento se perfeccionó en la caridad y el servicio desde
una vida totalmente entregada como un pastor según el corazón de
Cristo. Su labor siempre fue humilde, cercana y valiente. Un día
recibe la noticia de que algunos cristianos amigos suyos han sido
descubiertos y arrestados.
Sin ningún tipo de miedo va a visitarles.
Descubierto como cristiano y obispo, fue arrestado y encarcelado. Se
le puso como opción aceptar sacrificar a los ídolos o de lo
contrario ser condenado. Él se declara de Cristo. Por eso será
decapitado.
Una cristiana recogió algo de su sangre y las guardó en
dos ampollas. De ahí viene el milagro parecido a San Pantaleón en
Madrid. Y es que, en el caso de San Jenaro, cada 19 de septiembre su
sangre se vuelve líquida ese día, ante el fervor y admiración de
muchos fieles. San Jenaro es Patrón de Nápoles.