Guía del Señor a su Iglesia se muestra en este Tiempo Sinodal para
sentir que caminamos juntos y que el Señor quiere la unidad. Hoy
celebramos a San Juan Francisco de Regis. Nace en el año 1597 en
Fontcouverte (Francia)
en un ambiente de luchas religiosas, donde la rivalidad entre
católicos y calvinistas franceses -llamados despectivamente
hugonotes- es patente.
Juan
ingresa en la Compañía de Jesús, estudiando Teología. Por
entonces una terrible peste asola Toulouse.
La citada pandemia se lleva por delante casi 90 jesuitas. Esto
será lo que le estimule a ser sacerdote, teniendo algunos problemas
para la profesión solemne, pero su ardor por ayudar a las personas
es más fuerte que todas las dificultades.
Pronto
irá destinado
a Montpellier donde destaca por sus grandes dotes de predicador lo
que le hace admirable para unos, mientras no faltan las envidias a su
elocuencia. Así se muestra la advertencia del Evangelio señalando
que muchas veces seremos “signo de contradicción”.
Poco
después intenta
ir a Canadá, pero la Providencia le depara otro plan como es
continuar en el país galo.
Su misión no estaba fuera, sino dentro de su propia tierras.
Concretamente en
Viviers, convierte a los fieles y devuelve la salud espiritual que
necesitaban.
Va comprobando que el Cielo le quería precisamente
donde había bastantes problemas de entendimiento. Esa era
precisamente su misión y su tarea ministerial. Hombre de oración y
caridad, ambas características ponen de relieve su vida espiritual y
sacerdotal. San Francisco de Regis muere en el año 1640.