acercamos hasta un hombre que, de un ámbito frío y pagano, se
acercó a una realidad de Fe y amor. Y es que hoy celebramos a San
Martín de Tours. Este Santo Obispo, nace en Panonia (Hungría) en el
año 316. Siempre tuvo un corazón grande que chocaba con el
paganismo familiar en el que estaba envuelto.
Su padre le quería
militar como él. Y el hijo no tuvo más remedio que obedecer aunque
no se sentía muy conforme. Pero un día ocurriría un hecho que le
marcó y fue como el primer impulso de la Providencia para llevarle
a la Fe. La situación se presenta cuando va en el caballo y se
encuentra con un mendigo pidiendo.
Entonces se parte un trozo de su
capa y se la da. La noche siguiente se le aparece el Señor en sueños
asegurando que “Martín que no está bautizado ha compartido con Él
un trozo de su capa”. De esta manera se hace bautizar. El
siguiente paso es abandonar el ejército porque él no se ve para
glorias humanas.
Para dejarlo claro abandona también sus posesiones
y se acerca a la vida contemplativa, fundando un Monasterio en Ligugé
(Francia). Él mismo forma parte de esos muros viviendo en pobreza,
castidad y obediencia.
Su ejemplo cundió y no pocos fueron los que
le siguieron en este camino. Elegido obispo de Tours decide aceptar
pero pide a Dios seguir siempre con su espíritu caritativo y lo
consigue. Allí ayuda a cuantos necesitan ayuda. Todos le conocieron
por esta faceta impregnada siempre de sencillez. San
Martín de Tours muere el año 397. Fue uno de los santos más
honrados en la Edad Media.