Señor quiso que, en prefiguración a su Pueblo Definitivo que es la
Iglesia, las tribus de Israel fuesen Doce, un número que también
sumaron los miembros del Colegio Apostólico. Hoy celebramos a San
Matías, que formó parte de este Colegio.
Los Hechos de los
Apóstoles afirman que acompañó al Salvador, desde el Bautismo
hasta la Ascensión. Cuando San Pedro decidió proceder a la elección
de un nuevo Apóstol para reemplazar a Judas, los candidatos fueron
José, llamado Barsabas y Matías.
Así cumplieron lo que ya
profetizaba la Escritura destacando que el puesto del que traicionó
al Maestro fuese cubierto. Finalmente, la elección cayó sobre
Matías, quien pasó a formar parte del grupo de los Doce. El
Espíritu Santo descendió sobre él en Pentecostés y Matías se
entregó a su misión.
El Papa San Clemente de Alejandría afirma que
se distinguió por la insistencia con que predicaba la necesidad de
mortificar la carne para dominar las tentaciones y ser agradable a
Dios. Esta lección la había aprendido del mismo Jesucristo. Según
la tradición, predicó la Buena Nueva primero en Judea y luego en otros países.
Por su parte, los griegos sostienen que evangelizó la parte de
Capadocia y las costas del Mar Caspio, que sufrió persecuciones de
parte de los pueblos bárbaros donde fue misionero y obtuvo finalmente
la corona del martirio en Cólquida. Las reliquias de San Matías
estuvieron mucho tiempo en Jerusalén. Sería Santa Elena, madre del
Emperador Constantino, la encargada de trasladarlas a la Ciudad de