VI Domingo del Tiempo Ordinario, el Evangelio sigue ofreciendo
pasajes del Sermón de la Montaña. En el pasaje de hoy invita a
saber reconciliarse y perdonar. Una de las claves está en saber que
al presentar la ofrenda es bueno mirar si hay enfrentamiento con los
hermanos para reconciliarse con ellos y luego, presentar la ofrenda
los dos juntos.
También lo pone en práctica así el Santo de hoy,
bajo la ayuda del Apóstol de los Gentiles -San Pablo- que es el que
el convirtió. Porque en este día celebramos a San Onésimo cuya historia nos
trae la Sagrada Escritura, en el Nuevo Testamento.
Y es que San Pablo había convertido a un
hombre llamado Filemón. Entre sus esclavos había uno que se llamaba
Onésimo. Un día roba a su amo y escapa con el botín. Interceptado
por la guardia romana, es descubierto y encarcelado. Allí
se encuentra con Saulo.
Cuando habla con él, se da a conocer como el esclavo de Filemón,
que ha sido detenido por ladrón, y le cuenta todo lo que ha sucedido. Entonces San Pablo escribe su Carta
a Filemón. En ella le pide que acoja a Onésimo,
a quien él en la cárcel engendró entre cadenas.
Y le añade que le
perdiste para recuperarle como un hermano. Añadiendo más le
recuerda que si algo le debe, el propio Apóstol se lo pagará, de no
ver la cantidad de favores que le debe ya. La tradición cuenta que
San Onésimo fue a Roma a predicar el Evangelio, muriendo lapidado.