celebramos al Padre
Pío. Siempre tuvo
una experiencia profunda de Dios. Nacido en Benevento (Italia) en
1887 es bautizado con el nombre de Francesco. En su adolescencia
recibe la primera Comunión y la Confirmación. Algunos años
más tarde ingresa en los capuchinos. Aquí emite sucesivamente los
votos y se ordena sacerdote.
Ya era conocido por una asidua
meditación de la Pasión
del Señor. Un hecho
fundamental en su vida sucede en 1916 cuando
sube por primera vez al Gargano,
en San Giovanni Rotondo. Este será el lugar donde vivió para
siempre. Su dedicación era exclusivamente a las personas
necesitadas espiritualmente con la confesión y la escucha.
El
momento de la
Misa era la mejor vivencia de cada día. Con
el tiempo tendrá los estigmas de La Pasión. Su humildad le hizo
cubrirse con guantes las manos cada vez que oficiaba con el fin de no
caer en el orgullo ni en la vanidad de creerse perfecto.
Además de
los estigmas como
los grandes místicos tuvo multitud de éxtasis, realizó milagros y
Dios le concedió el don de la bilocación -era
la capacidad de estar en dos lugares a la vez- y el conocimiento
de almas. También
tuvo diversos enfrentamientos con el maligno que le provocó
bastantes dolores de cabeza, aunque él siempre se encomendó a Dios
y salió airoso. Profundamente caritativo, auspició el hospital para
alivio de las personas. Cuando se lo pidió al médico que le asistía
y le ayudaba éste le contestó que no podía ayudarle porque no
creía en Dios. A lo que el Padre Pío le contestó: “Pero
Dios sí cree en ti”.
San Pío de Pietrelcina muere en el año 1968.