hombre de este día vivió como un verdadero contemplativo, pero de
forma personal porque nunca perteneció a ninguna congregación. Lo
vivó de forma personal. Y es que en esta víspera de Reyes,
celebramos al anacoreta San Simeón Estilita. Nace en Sisán a
finales del siglo IV en los límites de Cilicia y Siria.
Dedicado al
pastoreo de niño, sus padres le transmiten los pocos conocimientos
que posee, inculcándole, sobre todo, el amor a Dios. En un día de
nieve marcha a orar a una Iglesia. Allí queda cautivado por la
predicación de un sacerdote anciano, que habla de la generosidad con
el Señor. Intentando profundizar más en su vocación marcha a
Telaniso y Tedela.
En este último lugar construye una cerca y se ata
a una gran roca. Al agobiarle la
innumerable masa de personas que van levanta más alta la columna,
llegando a unos 17 metros. En ella pasó la mayor parte de su vida.
De ahí le vendrá el sobrenombre de “estilita” (vocablo griego
que significa “columna”).
A pesar de esta vida penitente
retirada del mundanal ruido, nunca quiso dejar de lado a las personas
y mostraba gran preocupación por los necesitados. Prueba de ello es
que muchos acudían a verle y consultarle muchas cosa y él les daba
consejos bastante profundos. La fama de Santidad de vida se extendió
rápidamente. San Simeón Estilita muere hacia el año 459.