la Palabra de Dios siempre se muestra su Amor que quiere la unidad de
todos. Hoy celebramos a San Vicente Ferrer, que vivió su entrega a
la Iglesia desde la predicación de la Semilla del Evangelio. Nacido
en Valencia el año 1350, recibió una educación netamente cristiana
por parte de sus padres, destacando su amor a la Virgen.
Tras
ingresar en los Dominicos, pronto mostró gran talento por lo que fue
profesor de Filosofía en la Universidad. No faltaron pruebas ni
ataques del maligno que nunca le apartaron de su vocación. Apenado
por la desunión existente en el seno de la Iglesia, pronto sintió
el impulso de la Providencia de predicar.
España, Francia o Italia
son los lugares por donde anuncia el Evangelio, logrando grandes
frutos. Sus exhortaciones a pesar de ser muy largas, tocaban el
corazón de las personas que, disfrutaban oyéndole.
A pesar de que
muchos predicadores de entonces buscaban su lucimiento, él siempre
se pasaba largos ratos de oración pidiéndole a Cristo que Él fuese
siempre el Eje de sus alocuciones. Sus exhortaciones a la conversión
acercaron a Dios a muchas almas que se habían alejado del verdadero
Camino.
Los últimos tiempos de su vida, siempre se caracterizaron
por un agravamiento de sus achaques y enfermedades, pero nada de esto
le hizo perder el vigor que ponía al anunciar al Señor Jesús entre
las gentes, fiel a la obra de Domingo de Guzmán a la que pertenecía.
San Vicente muere en el año 1419, con tal fama de santidad que el
Papa le canonizó al poco de morir.