Sansón podía haber tenido una vida recta y exitosa como líder del pueblo de Dios. Antes de nacer, Dios lo había escogido para una misión especial. Sin embargo, Sansón prefirió dejar que sus impulsos y emociones reinaran. Quitó a Dios del trono de su corazón y escogió servir a sus pasiones lo cual tuvo consecuencias devastadoras en su vida y en la de otras personas.