Segundo Domingo después de Navidad San Juan vuelve con su Prólogo
donde presenta la mejor Radiografía del Verbo de Dios que existía
desde toda la eternidad. La Clave es que vino al mundo y no fue
recibido por los suyos.
Pero a cuantos le reciben les convierte en
hijos de Dios. El momento cumbre es que el Verbo se ha hecho Carne y
ha acampado entre nosotros lo que nos lleva a contemplar su Gloria.
Así es como Dios se nos ha dado a conocer al nacer en Belén. Hoy
también recordamos a Santa Genoveva. Nacida en Nanterre, cerca de
París, en el siglo IV, sus padres Severo y Leoncia son de origen
romano. Siendo niña, mantiene una experiencia de encuentro muy
especial con Dios, que le hace ver el camino de la dedicación al
Señor y al prójimo. Precisamente cuando sólo tiene 15 años, forma
un grupo de mujeres, consagradas totalmente a la atención a los más
necesitados. Aunque no sean religiosas propiamente, preparan de los
cultos del Templo. En Genoveva, este espíritu de sacrificio es
mayor, sobre todo cuando llega la Cuaresma. A ello se une el afán de
orar ante las dificultades que acechan. Es el caso del intento de
destrucción de París por los bárbaros. Cuando la gente quiere
huir, ella les estimula a rezar, logrando el fruto esperado. También
ayudó a los habitantes de aquellas tierras, a salir al paso de una
realidad de hambre. Tal fue su prestigio que los reyes Childerico y
Clodoveo, mostraron gran simpatía por ella. Situaciones como esta,
le permitieron a la Santa librar de la muerte a muchos encarcelados.
Santa Genoveva muere el año 502 y es Patrona de París.