Amor es lo que mueve a Cristo a entregar su Vida por todos. Hoy
celebramos a Santa Magdalena de Canossa. La caridad no abandonó
nunca su vida. Nacida en Verona (Italia) en 1774 en una familia
noble, de muy joven pierde al padre y su madre se casa.
El ambiente
es difícil con el padre adoptivo. Tras intentar ingresar en vano en
las carmelitas, volverá su casa para administras los bienes
familiares. Ahí se luce ante los suyos porque lo hace muy bien. Sus
ojos contemplan una sociedad secularizada alejada de Dios que
persigue solamente el materialismo.
Pero su corazón se muestra más
necesitado de Dios. Al descubrir la miseria que tienen muchas
personas ella se ofrece para ayudarles. Por eso marcha a trabajar en
un hospital en Venecia. Pero hay algo más. Y es que en su interior,
siente la llamada fundar una obra que cristalizará en el carisma de
las Canossianas.
Sus objetivos son ayudar a niños huérfanos que no
tenían formación educativa, apoyar a los sacerdotes especialmente
con problemas y sensibilizar a las damas nobles para que sean
generosas con los pobres. La amplitud de esta obra va más allá.
Por
ello fomenta la catequesis y la asistencia a los enfermos en los
hospitales. Desde las tierras venecianas se expanden hacia Bérgamo,
Trento, o Milán. Muchas son las personas unidas a la causa del Reino
a través de este Camino de Santificación.
Santa Magdalena de
Canossa muere en 1835. Dentro de su Fundación se encuentra también
Santa Josefina Bakhita. El Papa Pío XII le beatifica en el año
1941. Por su parte, San Juan Pablo II le canoniza en el año 1988.
Actualmente se encuentran por los cinco Continentes.