Santos en los que la sencillez les ha hecho muy cercanos a Dios.
Seguramente es el caso de este 28 de mayo. Porque hoy es Santa
Mariana de Jesús de Paredes. La humildad con que el Cielo el adornó
y que ella vivió dentro de sus limitaciones no tiene precio. Nacida
en Quito (Ecuador) en el año 1618, es hija de un capitán español y
madre procedente de la alta nobleza.
De
niña se queda huérfana. Su hermana mayor -que estaba casada con el
capitán Cosme de Miranda- se hizo cargo de ella. La ayuda espiritual
y humana del jesuita Juan Camacho le hace consagrarse al Señor.
No abrazó ninguna Congregación en concreto sino que lo vivió según
la Providencia le marcaba.
También llevó una vida de sacrificio y
entrega, siendo una gran misionera.
Sobre todo lo hizo entre los indios mainas que fueron los que más
cerca tenía para predicarles el Evangelio con su vida testimonial.
Un
día ingresa en la Tercera Orden de la Penitencia de San Francisco.
En ella veía la mejor forma de acercarse a la vocación que el Señor
el pedía.
El Espíritu Santo le concedió
el Don de Consejo.
También
lograba poner paz donde había discusiones. Además tenía tal
dulzura que convertía a muchos. Santa
Mariana de Jesús de Paredes muere en 1645, ofreciendo su vida por
las víctimas de un terremoto que asoló su tierra. El sacerdote
aseguró que iba a ofrecerse él.
Sin embargo ella se puso en su
lugar diciendo que él tenía que perdonar pecados y convertir a
muchos por lo que ella lo hacía gustosamente. Se le conoce por el
sobrenombre de la “Rosa de Quito”. El motivo es que cuando le
hicieron una sangría para curarle de una enfermedad la sangre que le
quitaron la arrojaron a un macetero y floreció una azucena.