estos días que hemos recordado a los contemplativos en el Domingo de
la Santísima Trinidad y Jornada Pro-Orantibus, hoy nos acercamos a
una mujer que santificó a Dios desde los muros del Convento: Santa
Teresa de Portugal. Nacida en el país lusitano en el año 1218,
procede de familia regia. Su padre era Sancho I de Portugal, mientras
su madre española era Dulce de Aragón.
Esta última era Infanta de
Aragón y reina consorte de Portugal. En su hogar se esmeraron por
darle una educación cristiana. También vivió siempre la caridad
hacia los más necesitados y la humildad. Ante todas las situaciones
que se le presentaron siempre descubrió la Voluntad de Dios.
Durante el tiempo de estar en la Corte como princesa vivió muchas
posibilidades de comodidad y lujos. Sin embargo no era lo que le
agradaba. Siempre buscaba el desprendimiento y la menor ostentación
posible.
Lo que le importaba era descubrir que mandar es servir tal y
como recuerda Cristo en el Evangelio. Por fin se casa con Sancho II
de Castilla. Pero cuando enviuda se adentra en la vida de reflexión
y oración. Sumida en las obras de misericordia decide seguir la
llamada del Señor para servirle en la vida contemplativa.
De hecho,
ingresa en las cistercienses de Lorvão y allí será abadesa con un
gran espíritu de sencillez, de paz y de ejemplo cristiano. Siempre
estuvo dispuesta a iluminar a cuantos quisieran llevar una vida desde
Dios. Santa Teresa de Portugal muere en el año 1250.