El nuevo episodio de Médicos que dejan huella recoge la trayectoria de Santiago Lubillo Montenegro, médico especialista en medicina intensiva y una de las voces vinculadas al desarrollo de la atención al paciente crítico en Canarias. Su relato recorre varias décadas de trabajo hospitalario, investigación clínica, docencia y organización sanitaria, con una idea constante: aprender, traer conocimiento de fuera y aplicarlo para mejorar la asistencia.
Nacido en Las Palmas de Gran Canaria en 1952, Lubillo recuerda una infancia marcada por la vida en la calle, el deporte y el entorno de Ciudad Jardín. Desde muy joven tuvo claro que quería estudiar medicina. Fue el primero de su familia en hacerlo y resume aquella vocación con una idea sencilla: ayudar a los demás, curar cuando fuera posible y aliviar cuando no lo fuera.
Su vínculo con la medicina intensiva comenzó en el Hospital del Pino, durante la etapa final de la carrera. Allí conoció a José Luis Manzano y se incorporó a una unidad de cuidados intensivos todavía joven, exigente y pionera. Lubillo recuerda aquellos primeros años con una mezcla de respeto y gratitud: el miedo de enfrentarse a pacientes críticos, la tensión de una especialidad que no se aprendía del todo en la facultad y, al mismo tiempo, el sentimiento de pertenecer a un equipo unido.
En la entrevista insiste en una idea que atraviesa toda su trayectoria: la UCI no se entiende como una suma de actos aislados, sino como continuidad. Para él, la calidad de los cuidados depende de equipos compactos, capaces de trabajar con un mismo criterio durante todo el proceso asistencial. De ahí su defensa del papel de la enfermería en cuidados intensivos y de la relación estrecha entre médicos, enfermeras y el resto de profesionales que acompañan al paciente crítico.
Su formación fuera de Canarias también marcó su camino. Las rotaciones en hospitales del Reino Unido y Estados Unidos le permitieron conocer nuevas técnicas, modelos de trabajo y formas de organizar la asistencia. De aquellas experiencias surgieron dos de sus grandes líneas profesionales: el paciente neurocrítico y la ventilación mecánica. También nació su interés por el transporte de pacientes graves, una inquietud que años después tendría una repercusión decisiva en Canarias.
Uno de los hitos más relevantes de su carrera fue el impulso al transporte sanitario aéreo. Lubillo recuerda cómo aquella idea, inspirada en lo que había visto en Glasgow, se adaptó a la realidad de las islas con una convicción clara: un paciente accidentado en Lanzarote debía tener las mismas oportunidades que uno atendido en Las Palmas. Participó en la puesta en marcha de equipos, material, permisos y procedimientos para trasladar pacientes críticos con respiradores y monitores. Llegó a realizar cerca de 300 traslados y formó a otros profesionales en una línea que hoy forma parte de la estructura sanitaria de Canarias.
La investigación clínica ocupa otro lugar destacado en su testimonio. Durante años se dedicó al estudio del paciente neurocrítico y de la oxigenación cerebral, un campo que explica desde una pregunta esencial: no basta con saber si la sangre llega al cerebro, sino si transporta oxígeno y si ese oxígeno puede ser utilizado por la neurona. Incluso después de su jubilación ha mantenido actividad docente e investigadora, especialmente en cursos y proyectos vinculados a esta área.
En 2004 asumió un nuevo reto profesional en Tenerife, donde participó en la creación de una unidad de cuidados intensivos organizada con criterios de seguridad, orden y eficiencia. Aplicó aprendizajes procedentes de la aviación, como la disposición idéntica de los espacios y las listas de comprobación, para facilitar el trabajo de los equipos y reducir errores. Esa etapa confirmó una constante en su carrera: observar, adaptar y construir sistemas que permanecieran más allá de la persona que los impulsaba.
El cierre de la conversación deja una de las ideas más personales de la entrevista. Lubillo dice sentir gratitud por la medicina y recuerda una frase que transmitió también a su hija: le gustaría que fuera la médica que quisiera encontrarse si su padre estuviera en urgencias o ingresado. “Trátalo con cariño”, resume. En esa recomendación cabe buena parte de su huella: una vida de hospital, de ciencia y de equipo, pero también una forma profundamente humana de entender la profesión.
Más información: https://www.medicoslaspalmas.es/index.php/colegio/institucion/historia-colegio/medicos-que-dejan-huella/medicos-que-dejan-huella-episodios?view=article&id=14704:santiago-lubillo&catid=502:medicos-dejan-huella