la persecución a los cristianos en los primeros tiempos. Esos cuatro
siglos parecían interminables. Así lo vieron en el siglo III los
Santos Cornelio y Cipriano que celebramos hoy. Cornelio es un hombre
muy sencillo. No tiene aspiraciones. Solamente vive la Fe de cada día
sin mayor pretensión.
Todos se admiran de que la sencillez
resplandece por toda su persona. Un hecho le va a llevar al Papado,
porque Decio martiriza en esa dura persecución al Papa San Fabián.
Todos buscan alguien fuerte capaz de defender la Nave de Pedro.
Inexplicablemente reparan en Cornelio. Su sentimiento humilde le hace
asumir lo que la Providencia le pide.
Por entonces, no solamente está
la persecución, sino los desvíos doctrinales. Es el caso del Cisma
Novacianista. Éste fue difundido por un teólogo de nombre
Novaciano. Éste defendía que era imposible acoger en la Iglesia de
nuevo a los renegado de la Fe. Contra esto tuvo que defender a la
Comunidad el Papa Cornelio. Por su parte, Cipriano se había
convertido desde el Norte de África de donde procedía. Era
brillante y de alta alcurnia. Elegido obispo de Cartago al enterarse
del problema apoyó al Papa Cipriano y se fortaleció la unión como
Iglesia entre ambos. A cada uno en su momento le llegó la hora de
sufrir persecución ser arrestados, confesarse cristianos y morir
mártires. En el mismo día honra la Iglesia a los Santos mártires