Fuerza de Dios reside en la debilidad del hombre para que no se
asuste ante las dificultades. Hoy celebramos a los Santos Fausto,
Jenaro y Marcial. Ellos blanquearon sus mantos en la Sangre del
Cordero. Su vida transcurre en torno a los siglos III y principios
del IV.
Se les presenta como los tres hijos de San Marcelo, Centurión
romano que se convirtió y pasó por el desprecio y el martirio en la
ciudad de León. Predicando el Evangelio llegaron hasta Córdoba en
un clima de persecución. El gobernante de aquella zona se llamaba
Eugenio y era un lugarteniente al servicio del Imperio.
Ya habían
sido espiados y vigilados. Entonces los tres hermanos se acercaron al
Prefecto, y se declararon cristianos. Al mismo tiempo le echaron en
cara su odio a los cristianos. Hicieron igual que Cristo en Getsemaní
que se adelantó a la turba y se presentó ante ellos antes de que le
detuviesen. Una vez arrestados sufrieron muchos suplicios hasta que
mueren quemados en la hoguera.
Los Santos Fausto, Jenaro y Marcial
son llamados “Las Tres Coronas de Córdoba”. En la tradición
corona es le símbolo del martirio y ellos recibieron ese premio para
gloria de Dios y bien de sus vida. Son también tres y cada uno
glorificó al Cielo entregando sus vidas como el Señor en la Cruz.
En referencia a ellos, Córdoba fue conocida como “La Ciudad de las
Tres Coronas”. Se les profesa gran devoción en el pueblo
cristiano. Los Santos Fausto, Jenaro y Marcial fueron un gran
testimonio para cuantos les vieron y presenciaron su martirio.