En este día, el Padre Rolando Echeverría, SDB, nos explica que en la primera lectura encontramos un acontecimiento muy especial en torno a Moisés; cuando se ponía en oración, Moisés se ponía resplandeciente. Esto era un reflejo de la santidad de Moisés, de alguna manera, el estar cerca de Dios; el compartir a través de la oración, de la contemplación. Cuando nos acercamos a Dios, de alguna manera se refleja físicamente, aunque esto, debe reflejarse aún más en nuestro comportamiento.
Todo cristiano debería de ser un reflejo de la gloria del Señor, de manera que los demás puedan ver algo en nosotros, algo especial. Estamos llamados a ser ese reflejo de la gloria de Dios.
El Evangelio, a través de las dos pequeñas parábolas que nos presenta, nos quiere decir que el Reino de los Cielos es lo más valioso que podemos tener, por lo cual, debemos renunciar a cualquier otra cosa. Nuestro mayor tesoro, nuestra mayor riqueza es Jesucristo y el Reino que Él nos ha traído.