El que es de Dios, las cosas de Dios hace. El hombre y la mujer de Dios hablan la verdad, siempre: no engañan. Dios es bueno y nosotros tenemos que ser buenos, pero nuestra naturaleza es pecaminosa. Por eso, Dios proveyó un medio de reconciliación: un arrepentimiento profundo y un abandono definitivo de todo lo que desagrada a Dios. El que es nacido de Dios, no practica el pecado.