Para los que pensábamos que Doom Eternal era lo más frenético a lo que nos habíamos enfrentado este año, ha llegado Carlos Prats para llevarnos a un engañoso infierno en el que muchos de los demonios del pelotazo de Bethesda morirían de puro dolor. Y sin necesidad del Doom Slayer. Además de eso, hablaremos de videojuegos durante la cuarentena y de alguna otra cosilla interesante (o divertida).