¿Alguna vez has estado sufriendo tanto que no hay palabras que ayuden a describir esa sensación? En esos momentos, rara vez son las palabras correctas las que arreglan nuestros corazones rotos. Jesús mismo experimentó dolor, pérdida, dolor y tristeza; y Él está cerca de los quebrantados de corazón. Cuando lloramos, Jesús está con nosotros. Él nos comprende. Él nos ve y se encuentra con nosotros en nuestro dolor y desilusión.