La verdadera belleza, no consiste solo en ser una buena madre, sino ser una conforme al corazón de Dios .El valor de algo no es por el objeto en sí mismo, sino por la mano de quien lo formó. Tú y yo mujer, estamos hechas conforme al corazón de Dios, así que nuestro valor viene de aquel que nos creo. Él es quien nos embellece y nos da el equilibrio para ser esa mamá conforme a su diseño, conforme a su corazón.