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El encuentro con un hombre extraordinario. Al compartir la historia del Padre Emiliano Tardif, me embargan sentimientos de emoción, gratitud y nostalgia. Este sacerdote canadiense, ordenado en 1955 como misionero del Sagrado Corazón, transformó una experiencia personal de enfermedad en un ministerio global que tocó más de 30,000 vidas.
Mi conexión con él trasciende lo anecdótico. Antes de mi mudanza a Estados Unidos, tuve un encuentro personal donde oró por mi futuro. Mi madre me entregó una pequeña cruz de madera bendecida por él, que llevé conmigo durante casi dos décadas como talismán espiritual. Cuando mi padre falleció, sentí el impulso de colocar esa cruz en su ataúd, estableciendo un lazo invisible entre el cielo y la tierra.
La República Dominicana se convirtió en su segunda patria, donde fundó la Casa de la Anunciación. Desde allí, su ministerio se extendió por todo el mundo, llegando a reunir multitudes de hasta 50,000 personas. Uno de mis mejores amigos experimentó la sanación de su epilepsia durante una de estas misas, inspirándolo a seguir el camino del sacerdocio. Lo que hacía especial al Padre Tardif era su humildad inquebrantable, siempre dejando claro que era Dios quien sanaba a través de él.
Su legado va más allá de los milagros físicos. Nos enseñó que la fe puede transformar no solo cuerpos sino almas enteras, que cuando dedicamos nuestra vida al servicio, nuestro impacto trasciende generaciones. ¿Has experimentado alguna vez un encuentro que transformó tu vida? Comparte tu historia y únete a nuestra comunidad de Círculos Infinitos donde exploramos las vidas que han dejado una huella imborrable en el mundo.
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By VIDAL ESTEVEZEl encuentro con un hombre extraordinario. Al compartir la historia del Padre Emiliano Tardif, me embargan sentimientos de emoción, gratitud y nostalgia. Este sacerdote canadiense, ordenado en 1955 como misionero del Sagrado Corazón, transformó una experiencia personal de enfermedad en un ministerio global que tocó más de 30,000 vidas.
Mi conexión con él trasciende lo anecdótico. Antes de mi mudanza a Estados Unidos, tuve un encuentro personal donde oró por mi futuro. Mi madre me entregó una pequeña cruz de madera bendecida por él, que llevé conmigo durante casi dos décadas como talismán espiritual. Cuando mi padre falleció, sentí el impulso de colocar esa cruz en su ataúd, estableciendo un lazo invisible entre el cielo y la tierra.
La República Dominicana se convirtió en su segunda patria, donde fundó la Casa de la Anunciación. Desde allí, su ministerio se extendió por todo el mundo, llegando a reunir multitudes de hasta 50,000 personas. Uno de mis mejores amigos experimentó la sanación de su epilepsia durante una de estas misas, inspirándolo a seguir el camino del sacerdocio. Lo que hacía especial al Padre Tardif era su humildad inquebrantable, siempre dejando claro que era Dios quien sanaba a través de él.
Su legado va más allá de los milagros físicos. Nos enseñó que la fe puede transformar no solo cuerpos sino almas enteras, que cuando dedicamos nuestra vida al servicio, nuestro impacto trasciende generaciones. ¿Has experimentado alguna vez un encuentro que transformó tu vida? Comparte tu historia y únete a nuestra comunidad de Círculos Infinitos donde exploramos las vidas que han dejado una huella imborrable en el mundo.
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