Muchas personas tienen una embestidura que los distinguen, en algunos casos por pertenecer a una familia real poderosa o influyentes dentro del sistema del mundo en que vivimos.
Dios nos otorga un mayor honor con alcance cósmico; ser llamados hijo del Dios que esta sobre todo reino y principado. La manera que alcanzamos la certeza de que somos participes de este designio, es la forma que los demás nos perciben conforme a nuestras actitudes, trato, decisiones, por una manifestación evidente de donde viene nuestra confianza y seguridad.