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Todos creemos que somos racionales… hasta quealguien nos dice lo que ya pensábamos.
Y ahí, sin notarlo, bajamos todas lasdefensas. Asentimos. Confiamos. Sentimos que “por fin alguien nos entiende”.Ese es el poder del sesgo de confirmación: una de las fuerzas más invisibles,pero más influyentes en cualquier interacción humana.
En pocas palabras, las personas no buscan laverdad; buscan confirmación. No quieren que las contradigas, quieren que lesdigas que tienen razón. Quieren sentir que su forma de ver el mundo estávalidada. Y quien logra ofrecer esa validación se convierte en alguien magnéticamentepersuasivo.
El sesgo de confirmación se basa en esto: elcerebro busca pruebas que refuercen lo que ya cree y rechaza lo que locontradice. Es un filtro cognitivo que todos tenemos, y si aprendes areconocerlo —y usarlo éticamente— te vuelves irresistible al comunicar.
Por ejemplo, si hablas con alguien que creeque “nadie lo entiende”, no lo contradigas diciendo “claro que sí, todos teentienden”. Eso solo genera resistencia. En cambio, refleja su percepción:“entiendo por qué sientes que pocos te entienden, no muchos saben escuchar deverdad.”
¿Ves la diferencia? No lo empujas… loacompañas en su creencia, y desde ahí, lo guías.
By DilsexiaTodos creemos que somos racionales… hasta quealguien nos dice lo que ya pensábamos.
Y ahí, sin notarlo, bajamos todas lasdefensas. Asentimos. Confiamos. Sentimos que “por fin alguien nos entiende”.Ese es el poder del sesgo de confirmación: una de las fuerzas más invisibles,pero más influyentes en cualquier interacción humana.
En pocas palabras, las personas no buscan laverdad; buscan confirmación. No quieren que las contradigas, quieren que lesdigas que tienen razón. Quieren sentir que su forma de ver el mundo estávalidada. Y quien logra ofrecer esa validación se convierte en alguien magnéticamentepersuasivo.
El sesgo de confirmación se basa en esto: elcerebro busca pruebas que refuercen lo que ya cree y rechaza lo que locontradice. Es un filtro cognitivo que todos tenemos, y si aprendes areconocerlo —y usarlo éticamente— te vuelves irresistible al comunicar.
Por ejemplo, si hablas con alguien que creeque “nadie lo entiende”, no lo contradigas diciendo “claro que sí, todos teentienden”. Eso solo genera resistencia. En cambio, refleja su percepción:“entiendo por qué sientes que pocos te entienden, no muchos saben escuchar deverdad.”
¿Ves la diferencia? No lo empujas… loacompañas en su creencia, y desde ahí, lo guías.