Alejandro Domínguez, es un tipo icónico, no solo por su imagen tan personal, si no porque personifica una época en la que una ciudad pequeña como Castellón, llegó a ser una referencia en el panorama musical español. Su local, el mítico Ricoamor, era parada obligatoria para muchos grupos nacionales e internacionales en sus giras. Aún hoy, 13 años después de su cierre, la gente sigue vistiendo y comprando las camisetas del Ricoamor. Ahora es empresario y DJ y tanto desde la gerencia como desde la cabina, tiene una visión privilegiada para saber qué es lo que le gusta escuchar a la gente.