
Sign up to save your podcasts
Or


El año 2024 ha sido un gran año para el avance de los movimientos feministas en México, desde un récord en entidades que se sumaron a la despenalización del aborto hasta grandes pasos contra la violencia vicaria, el derecho a la vivienda o la participación política de las mujeres en las más altas esferas del poder, para prueba: Claudia Sheinbaum, la primera presidenta de México.
Aunque la visibilidad de las mujeres en las artes plásticas no ha sido fácil lograrla, los movimientos feministas han ayudado a abrir brecha. Actualmente existen movimiento de artistas plásticas que, principalmente en la ilustración, han destacado no solo por mostrar su obra artística en las redes sociales y vivir de ejecutarla, sino que han podido integrar en ella mensajes sociales acorde con objetivos de las luchas feministas.
Plataformas digitales como Only Fans, donde se promueve contenido erótico, han logrado ser un bálsamo económico para muchas mujeres; sobre todo en la pandemia fue de gran ayuda para personas trabajadoras sexuales y madres solteras que se quedaron sin ingresos, pero el lado oscuro está también en una explotación de personas, en posible entrada de este contenido a infancias y a caer en la cosificación y sexualización del cuerpo de las mujeres. Una discusión donde hay muchos grises.
La historia de las mujeres en los cargos públicos comenzó a partir de ellas pudieran votar y ser votadas, desde ese 1953, los avances han sido lentos y ese proceso se aceleró en los últimos cinco años. Hoy no solo tenemos a la primera mujer presidenta en la historia de México, también hay una ministra presidenta de la Suprema Corte de Justicia, 13 gobernadoras, un congreso paritario y un gabinete presidencial también paritario. ¿Cuáles son los retos que tienen enfrente?
¿Puede la pornografía tener un enfoque feminista? Ante un tema de por sí controversial, aplicarle la perspectiva de género resulta muy interesante y se abre la discusión a cuestiones éticas, a conocer caminos alternos menos violentos para las mujeres, pero a la vez se tienen que tomar en cuenta las libertades de las personas que desean participar de ella y consumirla.
En la cultura del norte global (y principalmente en Estados Unidos), la figura de las brujas ha sido un estigma que con el paso del tiempo se transformó en un insulto. Incluso en México, esta figura y la palabra misma tienen una connotación peyorativa. ¿Cuál es la verdadera historia de las brujas? ¿En qué consistían esas acusaciones de brujería y hechicería en la antigüedad? ¿Es posible resignificar el término?
Aunque la fábrica de las emociones es la misma para hombres que para mujeres, la forma de expresarlas y socializarlas suele cambiar por medio de los roles de género, de cómo hemos sido educadxs. Mientras que a las mujeres se les enseña a mostrar con mayor énfasis distintas emociones, a los hombres casi a reprimir todas (salvo con los deportes, los videojuegos y otras contadas excepciones). Hay factores sociales, culturales, de edad que van moldeando la forma en la que estas salen a flote… o se reprimen.
Los trastornos de la conducta alimentaria no discriminan edad, género, clase social o grupo étnico, pero es verdad que las mujeres suelen acaparar las mayores cifras en estos. Esa cultura arraigada que premia la delgadez así como los modelos de belleza irreales han causado mayores trastornos alimenticios que suelen ir de la mano con otros trastornos de salud mental. Las redes sociales así como la Inteligencia Artificial están abonando nuevas preocupaciones al tema.
“Te voy a dar donde más te duele”, es una de las frases que mejor engloban lo que es la violencia vicaria, aquella que utiliza a lxs hijxs para herir y maltratar a la mujeres; o sea, hay un medio a través del cual se perpetúa, no es directa, pero es también un tipo de violencia que ha llegado tras una escalada de otras violencias y es sumamente cruel por el daño que provoca en las madres y su familia. Algo sumamente grave es la tolerancia social que tiene este tipo de violencia, cuestión por la cual es más difícil ponerle freno.
Los medios de comunicación (prensa, cine, radio, televisión y entornos digitales) tienen una gran responsabilidad en la lucha contra la violencia y sexualización hacia el cuerpo de las mujeres, pero lejos de hacer fuerte esto, han ido en contra, logrando así que se perpetúen estereotipos de género y se violente aún más a las mujeres. Un cambio de narrativa en los contenidos es posible.
From the publisher's feed