Pablo habla a los siervos que eran contratados a veces, por toda una vida. Ahora se habla de administradores, gerentes; y se habla de obreros, trabajadores y empleados que están bajo una autoridad. El verdadero cristiano obedece a la autoridad, es puntual, respetuoso y responsable en cualquier labor que realiza: es parte de su buen testimonio; y si es jefe, respeta al subordinado.