Durante la etapa escolar, es bien sabido que uno es promovido al grado superior solo si aprueba los exámenes finales. De nada sirve la asistencia o la participación en clase si no se logran las calificaciones mínimas requeridas. En la vida cristiana también somos probados para avanzar a niveles superiores de fe. En el caso de Abraham tuvo que pasar el examen de ofrecerle a Dios a su hijo Isaac. *Grabado en el CCI Vida Nueva (Curazao) el 11 de agosto de 2016