La transmisión del franquismo y de la transición a la democracia pertenece aún al ámbito de las interpretaciones ingenuas o conversaciones sociales, inmunes a los paradigmas diseñados por la investigación académica y la pedagogía cívica.
La enseñanza de la Historia del Presente ocupa un lugar testimonial en la práctica del sistema educativo obligatorio. El resultado es que para una gran parte del alumnado el conocimiento de los últimos tres cuartos de siglo de nuestro pasado se compone de una mezcla heterogénea de elementos de procedencia diversa, herencias de la experiencia familiar, anécdotas, prejuicios, informaciones no contrastadas y mistificaciones que conforman un marco interpretativo que no contribuye a poner en valor los elementos del sistema político ni a prevenir la desafección que traslucen las últimas prospecciones de la opinión pública. Con sus limitaciones materiales y temporales, sus inercias e incluso sus reticencias a abordar el tema, la escuela no ha logrado reedificar un conocimiento de la Historia del Presente desde una perspectiva inequívocamente democrática.
Por Fernando Hernández Sánchez