clave para ser feliz por toda la Eternidad está en el Cielo. Por eso
hoy celebramos la Solemnidad de Todos los Santos. En ella se recuerda
a todos aquellos que han muerto y han vivido el amor de Dios
poniéndolo en práctica con el prójimo.
Para eso han pasado
haciendo el bien que propone las Bienaventuranzas del Evangelio.
También el Libro del Apocalipsis presenta a una multitud inmensa que
nadie podría contar de toda nación, raza, lengua y pueblo. La
Primitiva Iglesia sentía gran devoción por todos los mártires que
habían muerto en los primeros siglos de la Historia de la Iglesia.
Las catacumbas estaban llenas de dedicatorias y recuerdos a ellos
porque se sabían que ya estaban con el padre del Cielo. Antioquía en
Oriente tenía el domingo siguiente a Pentecostés para recordar a
los mártires.
El Papa Bonifacio IV toma la determinación de dedicar
el Antiguo Partenón Romano a Santa María Virgen y los Santos
Mártires. El motivo era que viendo el número tan largo de mártires,
era imposible meter a todos en los días del año. Por eso puso en su
honor ese edificio y lo consagró en el año 610. Gregorio III
levantó una Capilla en el vaticano con esta misma finalidad.
Y en el
siglo IX Gregorio IV estableció la Solemnidad de Todos los Santos
cada 1 de noviembre. Pero la ampliación del criterio fue no sólo
los Mártires sino todos aquellos que han vivido desde el Amor de
Dios y por su sencillez ahora son Santos. Son la Iglesia Triunfante
que establecen esa vinculación los que peregrinamos y los que están
en Purgatorio y que celebramos mañana 2 de noviembre.