En los momentos de angustia, Dios nos invita a no maldecir, no dudar, no quejarnos; en cambio adorarlo, reconocer su poder y su grandeza y atraer la bendición con nuestra generosidad al servir a los demás.
En los momentos de angustia, Dios nos invita a no maldecir, no dudar, no quejarnos; en cambio adorarlo, reconocer su poder y su grandeza y atraer la bendición con nuestra generosidad al servir a los demás.