Hay una especial relación entre Cristo y su Iglesia, de amor, respeto y consideración. La Iglesia debe respetar y amar a Cristo, con un amor profundo. Las mujeres casadas deben reconocer a su esposo, como la cabeza del hogar; así como Cristo es la cabeza de la Iglesia. El esposo debe amar a su esposa y estar dispuesto a dar su vida por ella: como Cristo dio la vida por su Iglesia.