Imagina que tu vida es una carta, escrita por Dios para que otros conozcan de su amor. Una carta que es leída a través de lo que ejemplificas. Jesús te llamó para enseñarte a amar y ser amado. Por lo tanto, te invita a que compartas con tus acciones ese perfecto amor, que seas de bendición para otros. Sin embargo, te toca a ti decidir: ¿qué mensaje quieres compartir?